Sheinbaum invita a inversores a apostar por México

El gobierno de México mira hacia 2026 con optimismo y apuesta por unir esfuerzos para crecer.


Imagen: Gobierno de México 
Jeronimo Osorno Sanchez 
Miércoles 4 de abril 20

El gobierno de México está proyectando el 2026 con una visión positiva y con una estrategia muy clara crecer a través de la unión entre el sector público y el privado. Durante un encuentro con líderes empresariales y representantes de todos los estados del país, la presidenta Claudia Sheinbaum hizo un llamado directo a trabajar en conjunto para impulsar el desarrollo nacional. La idea principal que transmitió es que México hoy ofrece condiciones favorables para invertir, lo que abre la puerta a que empresas, tanto mexicanas como extranjeras, apuesten por proyectos dentro del país.

Según lo que se planteó, esta confianza en la inversión puede traducirse en algo muy concreto para la población: más empleos y, por lo tanto, una mejor calidad de vida. No se trata solo de números o de crecimiento económico en abstracto, sino de cómo ese crecimiento puede impactar en las familias, en las comunidades y en las oportunidades que tiene la gente en su día a día.

Uno de los objetivos más importantes que se mencionaron es que la inversión alcance el 25 por ciento del Producto Interno Bruto. Esta meta no es menor, ya que un nivel alto de inversión suele ser una señal de dinamismo económico. Cuando se invierte más, se construye más infraestructura, se abren empresas, se generan servicios y se mueve toda la cadena productiva. En pocas palabras, es un impulso fuerte para que la economía del país avance.

Parte central de esta estrategia es un paquete de inversión pública y mixta que supera los 5.6 billones de pesos entre 2026 y 2030. Este dinero no está pensado solo para un área específica, sino para varios sectores clave que impactan directamente en la vida de las personas. Se habla de energía, carreteras, aeropuertos, puertos, hospitales y escuelas. Es decir, tanto infraestructura que facilita la actividad económica como servicios básicos que influyen en el bienestar social.

Además, se espera que este año el gasto en proyectos sea incluso mayor al presupuesto que se había planeado originalmente. Esto significa que habrá cientos de miles de millones de pesos adicionales destinados a obras y servicios públicos. La intención es acelerar proyectos que puedan detonar el desarrollo regional, reducir desigualdades y mejorar la conectividad entre distintas zonas del país.

Durante su mensaje, la presidenta dejó claro que esta colaboración entre el gobierno y la iniciativa privada no se limita a construir obras físicas. También se trata de fortalecer al país en un sentido más amplio, creando más oportunidades, promoviendo el crecimiento económico y buscando un bienestar más equilibrado para la población. El sector empresarial, por su parte, es visto como un aliado estratégico para lograr estos objetivos, ya que aporta capital, experiencia y capacidad de innovación.

Este enfoque refleja una idea de desarrollo compartido, donde el Estado impulsa y coordina, pero también abre espacio para que las empresas participen activamente. La combinación de inversión pública con inversión privada busca generar un efecto multiplicador en la economía. Cuando el gobierno invierte en infraestructura, por ejemplo, facilita que las empresas puedan producir, transportar y vender con mayor eficiencia.

Referencias 

Presidencia de México, 4 de febrero 2026, conferencia.

Mi opinion

Este plan suena ambicioso y necesario, sobre todo en un momento en que el país necesita un crecimiento económico que realmente se sienta en la vida diaria de las personas. Sin embargo, no todo depende de anunciar grandes cifras, sino de que los proyectos se ejecuten bien, sin corrupción, con transparencia y pensando en las regiones que más lo necesitan, el chiste no esta en decir si no en hacer. Si estas inversiones se manejan de forma responsable, pueden marcar una diferencia importante. Pero, si se quedan solo en planes o se administran mal, el impacto real podría ser mucho menor de lo esperado. 


Las sátiras como el caballos de Troya


Imagen tomada de Estrada (2018) en SinEmbargo

Jeronimo Osorno Sanchez 

11 de febrero 2026

Hay algo muy efectivo en reírse de la política: mientras te ríes, bajas la guardia. Y ahí es donde el cine de sátira se vuelve una herramienta enorme. No es solo entretenimiento es una forma de empujar ideas políticas de una manera facil hacia los espectadores, usando personajes, emoción y una historia que se queda en la mente de las personas por mucho tirmpo.

La sátira funciona como el caballo de Troya. Entra por la comedia y por dentro trae crítica social y política. Diversas investigaciones sobre contenidos satíricos han señalado que este tipo de narrativa puede generar emociones más positivas y facilitar el aprendizaje en personas que normalmente no consumen noticias tradicionales, aunque la persuasión depende del contexto y del tipo de público que la recibe. No todas las personas reaccionan igual; la  reaccion cambia según las creencias previas y la manera en que la historia está contada.

En el cine, el impacto puede ser aún mayor porque una película tiene tiempo para construir símbolos y crear conexión emocional. Cuando alguien se siente dentro de la historia, lo que ve parece más real y significativo. Estudios sobre la recepción de la película Don’t Look Up han analizado cómo el transporte narrativo esa sensación de meterte por completo en la trama puede relacionarse con cambios en la percepción de temas políticos o sociales, como el cambio climático. Esto no significa que el cine transforme automáticamente las opiniones, pero sí muestra que puede influir en la manera en que las personas interpretan ciertos problemas.

Parte del uso político de la sátira se explica porque simplifica temas complejos. La política real suele ser lenta, técnica y llena de matices, la sátira la convierte en escenas claras y exageradas que cualquiera entiende. Eso facilita la conversación pública, pero también puede fomentar el cinismo si todo se reduce a burla constante. Investigaciones recientes han encontrado que el tipo de sátira importa: la sátira más ligera puede generar reflexión con humor, mientras que la más agresiva puede provocar rechazo o reforzar posturas ya existentes, entonces hay que tener cuidado hacia que publico lo quieres dirigir y como.

Además, la sátira maneja emociones colectivas. Reírse de lo mismo crea sensación de pertenencia, pero también puede dividir cuando el chiste apunta siempre hacia un solo grupo. Algunos estudios han observado que la sátira de un solo lado tiende a provocar emociones más negativas que aquella que critica múltiples perspectivas. Esto explica por qué el cine satírico puede unir a ciertos públicos y alejar a otros al mismo tiempo, tienes que ampliarte y no cerrar tu critica a algo personal hacia un bando.

También hay una realidad menos evidente: a veces la influencia política del cine no está en lo que muestra, sino en lo que decide no mostrar. El silencio puede moldear percepciones tanto como una crítica abierta.

La sátira política en el cine se usa porque conecta con algo que la comunicación política tradicional ha perdido: atención y emoción. Puede abrir conversaciones necesarias, acercar temas difíciles y hacer pensar desde la risa, pero también puede dejar una sensación de resignación si todo se presenta como un espectáculo absurdo. El reto para quien mira no está solo en entender el chiste, sino en preguntarse quién lo cuenta, qué busca provocar y hasta qué punto esa risa ayuda a ver la realidad con más claridad.

Referencias

Feldman, L., & Hart, P. S. (2024). Narrative transportation and political satire: Audience responses to Don’t Look Up. Politics & Policy. https://doi.org/10.1111/polp.70014

Boukes, M., & Vliegenthart, R. (2023). One-sided versus two-sided political satire and emotional responses. Frontiers in Communication, 8. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9930370/

Borenstein, S. (2023, April 20). Study finds climate change rarely appears in top movies. Associated Press News. https://apnews.com/article/f7f58a6e24901651757b616dc4099c2c

 



Entrevista 

Rodrigo Sánchez del Valle, egresado de la Universidad Anáhuac en la carrera de Comunicación.
Hoy en día trabaja en la industria cinematográfica; ha dirigido, producido y asistido en varios proyectos. También es creador de sketches políticos en redes sociales.


https://drive.google.com/file/d/1Ana7s3gHzAXGbXPq-9fIH18Z_hwP9bZ8/view?usp=share_link




Chat deja de ser tan íntimo cuando empieza a vendernos cosas



The New York Times. (2026, febrero 14). [Ilustración].
Jeronimo Osorno 
18 de febrero 2026

Durante años, muchas personas usaron la inteligencia artificial como un espacio distinto a internet. No era una red social y tampoco parecía una tienda. Era más bien una conversación. Por eso, la idea de que ahora empiecen a aparecer anuncios dentro de chat no solo abre una discusión tecnológica, también cambia la manera en la que entendemos nuestra relación con la inteligencia artificial.

El debate no es si la publicidad es buena o mala. La publicidad existe porque los servicios digitales cuestan dinero, y la inteligencia artificial no es barata de mantener. Entrenar modelos, mantener servidores y mejorar la tecnología requiere ingresos constantes. Desde ese punto de vista, introducir anuncios parece una decisión lógica dentro de la evolución del negocio tecnológico. Algunas pruebas incluso aseguran que los anuncios no influirán en las respuestas del sistema y que habrá controles para el usuario. 

Pero el problema no es solo económico. El verdadero tema es la confianza. Muchas personas hablan con estas herramientas como si fueran espacios privados, donde comparten dudas personales, temas de salud o decisiones importantes. Esa cercanía convierte cualquier intento de publicidad en algo más delicado que un simple banner en una página web. Expertos han advertido que el valor publicitario de estos sistemas radica precisamente en la información íntima que las personas comparten, lo que abre preguntas sobre manipulación y límites éticos. 

Aquí aparece una diferencia clave entre la inteligencia artificial y las plataformas tradicionales. Mientras que en redes sociales sabemos que estamos viendo contenido diseñado para vendernos algo, en una conversación con una ia la línea puede volverse borrosa. Si el asistente se siente como alguien que escucha y aconseja, cualquier anuncio podría percibirse menos como publicidad y más como una sugerencia personal. 

También es cierto que el mundo digital siempre termina encontrando formas de monetizar lo que funciona. Google empezó como un buscador limpio y hoy vive de anuncios. Las redes sociales nacieron para conectar personas y ahora son enormes máquinas publicitarias. Tal vez la inteligencia artificial solo está entrando en la misma etapa inevitable.

Sin embargo, el riesgo está en repetir errores del pasado. Si la publicidad invade demasiado la experiencia, la herramienta puede perder aquello que la hizo especial: la sensación de utilidad directa y conversación sincera. Y si los usuarios empiezan a sentir que cada respuesta tiene intereses ocultos, la confianza podría romperse rápidamente, las personas pueden sentirse manipuladas.

La llegada de anuncios en chatgpt no es solo un cambio técnico. Es un momento que obliga a preguntarnos qué queremos que sea la inteligencia artificial en nuestra vida diaria: una herramienta neutral o una nueva vitrina comercial disfrazada de conversación. La decisión no dependerá solo de las empresas tecnológicas, sino también de cómo reaccionen los usuarios y qué límites estén dispuestos a aceptar.

Porque al final, la verdadera pregunta no es si veremos anuncios en la inteligencia artificial. La pregunta es si seguiremos confiando en ella cuando empiece a vendernos algo.



referencia 

Hitzig, Z. (2026, febrero 14). OpenAI está cometiendo los mismos errores que Facebook. The New York Times en Español https://www.nytimes.com/es/2026/02/14/espanol/opinion/chatgpt-openai-anuncios.html?campaign_id=42&emc=edit_bn_20260216&instance_id=171159&nl=el-times&regi_id=90904798&segment_id=215345&user_id=3b3de69c3f958743fce531d908b39009


 

MEDIO TERMINO 

la sátira política en México: entre risas se cuestiona

Cómo el humor funciona como un caballo de Troya que entra por la risa, pero deja reflexión sobre la forma en que entendemos la política y la sociedad.



 

Jeronimo Osorno

1 de marzo 2025

La sátira política es una forma de comunicación que utiliza el humor, la ironía y la exageración para señalar contradicciones dentro del poder político. A diferencia de una noticia tradicional, su objetivo principal no es informar de manera directa, sino interpretar la realidad política a través de una representación crítica. Este tipo de contenido suele partir de hechos reales, declaraciones públicas o comportamientos de figuras políticas que después se exageran para hacer más visible una situación que, en un contexto normal, podría pasar desapercibida. La sátira ha estado presente durante siglos en distintas sociedades, desde obras teatrales y caricaturas impresas hasta películas, programas de televisión y contenidos digitales que circulan en internet.

En México, la sátira política ha tenido un papel constante dentro de la cultura mediática. Históricamente se ha manifestado en caricaturas editoriales publicadas en periódicos, donde ilustradores representan a políticos y situaciones de gobierno mediante símbolos y metáforas visuales. Con el tiempo, esta forma de crítica también se trasladó a otros formatos, como el cine y la televisión. Algunas producciones audiovisuales han retratado temas como la corrupción, la manipulación mediática o las relaciones entre poder político y económico, utilizando historias ficticias que reflejan dinámicas reales del país. En este sentido, la sátira se convierte en un recurso narrativo que permite abordar temas complejos de manera más comprensible para el público.

Desde el campo de la comunicación política, diversos estudios han analizado cómo este tipo de contenido puede influir en la percepción pública de la política. Investigaciones académicas señalan que la sátira facilita el procesamiento de información política al presentar los temas en un formato narrativo y emocionalmente accesible. Al simplificar situaciones complejas mediante escenas o personajes exagerados, el público puede identificar con mayor facilidad los elementos centrales de un problema. Este proceso no implica necesariamente un cambio inmediato en las opiniones políticas de las personas, pero sí puede modificar la manera en que interpretan ciertos acontecimientos o figuras públicas.

Otro aspecto relevante es el alcance que la sátira puede tener entre audiencias que normalmente no consumen noticias tradicionales. En muchos casos, personas que no siguen de forma regular los medios informativos sí entran en contacto con contenidos satíricos a través de redes sociales, programas de entretenimiento o videos en plataformas digitales. Esto amplía la circulación de temas políticos, ya que el humor actúa como un punto de entrada a conversaciones que de otra forma podrían resultar distantes o difíciles de entender.

Sin embargo, los especialistas también advierten que el impacto de la sátira depende en gran medida del contexto y del tipo de audiencia. Algunas investigaciones indican que este tipo de contenido puede reforzar percepciones ya existentes en lugar de transformarlas completamente. Es decir, las personas tienden a interpretar la sátira a partir de sus propias creencias políticas previas. Aun así, su capacidad para generar conversación pública y visibilizar contradicciones dentro del poder la convierte en un elemento relevante dentro del ecosistema mediático contemporáneo.

En México la política rara vez pasa desapercibida. Está en la conversación familiar, en la sobremesa, en los memes que circulan cada mañana y en los debates que llenan la televisión. Pero hay una manera distinta de hablar de ella que no usa el lenguaje formal de los comunicados ni la rigidez de los informes oficiales. Esa forma es la sátira política. No es un discurso solemne ni pretende ser neutral. Es una mirada crítica que utiliza el humor como herramienta para señalar lo que incomoda.

La sátira no surge de la nada. Nace cuando hay contradicciones visibles entre lo que se dice y lo que se hace. Cuando un político promete transparencia mientras acumula privilegios, cuando se habla de igualdad desde oficinas llenas de lujo o cuando se insiste en que todo está bien mientras la realidad muestra otra cosa, el humor encuentra terreno fértil. La exageración funciona porque parte de algo reconocible: no inventa el problema, lo amplifica.

En el caso mexicano, la sátira ha acompañado distintos momentos de la vida pública. No siempre ha sido cómoda ni aceptada. Ha habido épocas en las que criticar abiertamente al poder implicaba riesgos mayores. En ese contexto, el humor fue una vía indirecta para expresar inconformidad. Bajo la apariencia de chiste se podía decir lo que en tono serio habría provocado censura o represalias. Esa tradición dejó huella y hoy sigue presente, aunque el escenario sea distinto.

El valor de la sátira política está en su capacidad de conectar con públicos que normalmente no consumen análisis formales. Muchas personas no leen columnas especializadas ni siguen conferencias completas, pero sí ven un video corto o comparten una escena que retrata una situación absurda. Ahí se abre una puerta. El humor reduce la distancia entre el ciudadano y el tema político. Lo vuelve cercano, entendible y, en cierto sentido, cotidiano.

Sin embargo, es importante no confundir cercanía con superficialidad. La buena sátira no es improvisada. Detrás de un guion que parece ligero suele haber observación y conocimiento del contexto. Cuando se hace con intención, no solo provoca risa, también deja una idea rondando en la cabeza. Después del chiste queda la pregunta: ¿por qué esto se siente tan real?, ¿por qué me identifico con esta escena?

Uno de los efectos más visibles de la sátira es su impacto en la percepción pública. Al retratar al poder como desorganizado, corrupto o desconectado de la ciudadanía, puede reforzar una visión crítica del sistema. Esto no necesariamente es negativo. En una democracia, cuestionar es parte del equilibrio.

La línea es delgada. Por eso la responsabilidad de quien crea sátira es mayor de lo que parece. No se trata de suavizar la crítica, sino de entender que el humor también construye narrativas. Si solo se insiste en que nada funciona, se puede alimentar la idea de que no vale la pena intentar cambios. En cambio, cuando la sátira expone fallas con inteligencia, puede motivar reflexión sin cancelar la esperanza.

En los últimos años, las redes sociales modificaron el ritmo de esta expresión. Antes, una obra satírica implicaba meses de producción. Hoy, una imagen o un video se difunde en cuestión de minutos. La inmediatez permite responder casi en tiempo real a declaraciones o decisiones oficiales. Esto ha democratizado la crítica. Ya no depende únicamente de grandes producciones. Cualquier creador puede participar en la conversación.

Pero la rapidez también trae riesgos. El deseo de viralidad puede priorizar el impacto inmediato sobre la profundidad. A veces el chiste se queda en la superficie, repite estereotipos o simplifica en exceso. La sátira pierde fuerza cuando se vuelve repetitiva o cuando no aporta nada nuevo. El reto está en mantener la creatividad sin caer en fórmulas fáciles.

Otra dimensión relevante es la relación entre sátira y libertad de expresión. En cualquier sociedad, el humor político es un indicador del nivel de tolerancia hacia la crítica. Cuando los chistes incomodan al poder y aun así circulan libremente, se fortalece la idea de pluralidad. La sátira no es un ataque personal gratuito; es una manifestación cultural que refleja tensiones sociales. Intentar silenciarla suele generar el efecto contrario: más atención y más cuestionamientos.

También hay que reconocer que la sátira no es neutral. Cada creador tiene una perspectiva, un contexto y una experiencia que influyen en su trabajo. El humor siempre parte de un punto de vista. Lo importante es que ese punto de vista no se convierta en propaganda disfrazada. Cuando la sátira se pone al servicio de un discurso oficial o de una agenda específica sin admitirlo, pierde autenticidad.

En México, donde la historia política ha estado marcada por largos periodos de concentración de poder, el humor ha servido como válvula de escape. Reírse del gobernante reduce simbólicamente la distancia entre él y la ciudadanía. Lo humaniza y, al mismo tiempo, lo expone. Esa exposición pública es una forma de rendición de cuentas cultural. No reemplaza a las instituciones, pero sí complementa la conversación social.

Es importante distinguir entre burla y crítica. La burla busca ridiculizar sin necesariamente aportar análisis. La crítica, aunque sea humorística, apunta a un problema concreto. La sátira más efectiva combina ambas dimensiones: entretiene y al mismo tiempo señala una falla estructural.

El público también tiene un papel activo. Consumir sátira implica interpretar. No todo lo que provoca risa es necesariamente justo o acertado. La audiencia decide qué comparte, qué cuestiona y qué ignora. En ese sentido, la responsabilidad es compartida.

Reírse del poder no significa trivializar los problemas. Al contrario, puede ser una manera de enfrentarlos sin miedo. El humor desarma la solemnidad que muchas veces protege a quienes ocupan cargos públicos. Cuando una decisión se vuelve motivo de chiste, se evidencia su impacto.

Al final, la sátira política en México es parte de una tradición más amplia de participación cultural. No sustituye al periodismo, ni a la investigación, ni al debate formal. Pero sí cumple una función específica: traducir la política al lenguaje cotidiano. Convertir cifras y discursos en historias que cualquiera pueda entender. Transformar la frustración en risa y la risa en reflexión.

Opinion

Mientras exista espacio para la sátira, existe espacio para la crítica. Y mientras exista crítica, la vida pública se mantiene en movimiento. La risa, lejos de ser frívola, puede convertirse en una herramienta seria cuando se usa para observar el poder con claridad.

Las sátiras políticas funcionan como caballos de Troya. Por fuera parecen inofensivas, incluso ligeras, pero por dentro cargan un mensaje fuerte. Entran a la conversación pública a través de la risa, no del enfrentamiento directo. La gente no se siente atacada cuando ve una escena exagerada o un chiste bien construido; al contrario, se relaja. Y justo en ese momento el mensaje crítico encuentra espacio para quedarse.

Una sátira que solo dispara hacia un lado pierde fuerza. Cuando el humor político se convierte en arma exclusiva contra un solo grupo o ideología, deja de ser sátira y empieza a parecer propaganda. La verdadera sátira no protege a nadie. Si va a señalar corrupción, debe hacerlo sin importar el partido. Si va a criticar incoherencias, debe hacerlo sin importar quién esté en el poder.

Cuando la crítica es pareja, la audiencia la percibe como más auténtica. Se entiende que el objetivo no es defender a alguien, sino exhibir comportamientos que afectan a la sociedad. En cambio, cuando el humor se usa únicamente para atacar a un adversario político, el público se divide de inmediato. Algunos lo celebran, otros lo rechazan. El resultado es polarización, no reflexión.

La influencia de la sátira en la sociedad no está solo en la risa inmediata, sino en cómo moldea la manera de ver las cosas. Al simplificar situaciones complejas, ayuda a que más personas entiendan temas que antes parecían lejanos. Puede convertir un escándalo difícil de explicar en una escena clara y memorable. Esa claridad cambia la percepción pública.

Pero el efecto no siempre es positivo. Si la sátira se vuelve constante y excesiva, puede generar cinismo. La repetición de que “todo está mal” o de que “todos son iguales” puede desgastar la confianza social. Por eso el equilibrio es clave. El humor político debe señalar fallas sin convertir la realidad en un espectáculo permanente de desesperanza.

En el fondo, la sátira no solo critica, también educa. Enseña a mirar con sospecha saludable, a no aceptar discursos sin cuestionarlos. Funciona como recordatorio de que el poder siempre debe ser observado. Y aunque llegue disfrazada de comedia, su intención es seria: provocar reflexión.

Entrevistas:

Rodrigo Sánchez del Valle, egresado de la Universidad Anáhuac en la carrera de Comunicación.
Hoy en día trabaja en la industria cinematográfica; ha dirigido, producido y asistido en varios proyectos. También es creador de sketches políticos en redes sociales

https://drive.google.com/file/d/1Ana7s3gHzAXGbXPq-9fIH18Z_hwP9bZ8/view?usp=share_link

 

Referencias 

Gómez, L. (2015). La sátira política como forma de resistencia simbólica en contextos democráticos. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, 21(42), 89–107. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=31641030005

Sorensen, M. J. (2008). Humor as a serious strategy of nonviolent resistance to oppression. Peace & Change, 33(2), 167–190. https://doi.org/10.1111/j.1468-0130.2008.00488.x

Berger, P. L. (1999). La risa redentora: La dimensión cómica de la experiencia humana. Barcelona: Kairós.

Cansino, C. (2010). La transición mexicana y la crisis de la representación política. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 52(209), 13–35. https://www.revistas.unam.mx/index.php/rmcpys/article/view/25967

Carreño, R. (2016). Humor político y crítica social en América Latina. Comunicación y Sociedad, 26, 125–144. https://doi.org/10.32870/cys.v0i26.5436

Feldman, L., & Hart, P. S. (2024). Narrative transportation and political satire: Audience responses to Don’t Look Up. Politics & Policyhttps://doi.org/10.1111/polp.70014

Gray, J., Jones, J. P., & Thompson, E. (Eds.). (2009). Satire TV: Politics and comedy in the post-network era. New York University Press. https://nyupress.org/9780814731994/satire-tv/

López, M. (2017). La caricatura política en México como herramienta de crítica social. Revista Mexicana de Opinión Pública, 23, 45–62. https://www.revistas.unam.mx/index.php/rmop/article/view/60145

Monsiváis, C. (2000). Aires de familia: Cultura y sociedad en América Latina. Barcelona: Anagrama.

Ramos, J. (2019). Humor y medios digitales: Nuevas formas de sátira política en México. Razón y Palabra, 23(102), 1–18. https://www.revistarazonypalabra.org/index.php/ryp/article/view/1345

Trejo Delarbre, R. (2012). La crítica mediática y el poder político en México. Nexoshttps://www.nexos.com.mx/?p=14868

Boukes, M., & Vliegenthart, R. (2023). One-sided versus two-sided political satire and emotional responses. Frontiers in Communication, 8https://doi.org/10.3389/fcomm.2023.9930370

Feldman, L., & Hart, P. S. (2024). Narrative transportation and political satire: Audience responses to Don’t Look Up. Politics & Policyhttps://doi.org/10.1111/polp.70014

Gray, J., Jones, J. P., & Thompson, E. (Eds.). (2009). Satire TV: Politics and comedy in the post-network era. New York University Press. https://nyupress.org/9780814731994/satire-tv/

Holbert, R. L. (2013). Developing a normative approach to political satire: An empirical perspective. International Journal of Communication, 7, 305–323. https://ijoc.org/index.php/ijoc/article/view/1808

 

 






 Sal de tu burbuja

Jeronimo Osorno

Un podcast que explora la historia y la evolución de la sexualidad y los roles de género, desde las sociedades prehistóricas hasta la actualidad.

 

Estructura del episodio:

 

1. Introducción: Presentación del tema y del episodio.

2. La sexualidad en las sociedades prehistóricas: Exploración de la sexualidad en las sociedades prehistóricas y antiguas.

3. La influencia de las religiones del libro: Análisis de cómo las religiones del libro influyeron en la visión occidental de la sexualidad.

4. La lucha por la liberación sexual: Exploración de los movimientos de liberación sexual del siglo XX y su impacto en la sociedad actual.

5. Conclusión: Resumen del episodio y adelanto del próximo tema.

 

Formato:

Narración en voz en off.

Jóvenes adultos interesados en la historia, la cultura y la sociedad.

 

Podcast                                                                                          

https://youtu.be/pltkVe_epjo

 




Reflexión

Jeronimo Osorno Sanchez



Antes de estudiar Ciencias de la Comunicación, yo estudiaba Ingeniería en Audio en SAE, en la Condesa. Me salí porque sentí que ya había aprendido gran parte de lo que quería aprender en ese momento y, además, quitaron las materias de producción musical, que eran justo la principal razón por la que yo estaba ahí. Para mí eso fue muy importante, porque yo no había entrado nada más por probar, sino porque realmente tenía claro qué era lo que me interesaba. Al salir de SAE, me quedé con un conocimiento bastante avanzado de teoría musical y diseño sonoro, y eso fue algo que definitivamente me ayudó a entender mejor hacia dónde quería ir.

Toda la vida he querido dedicarme a hacer música para películas. Siempre me ha llamado muchísimo la atención la manera en la que la música puede transformar por completo una escena, una emoción o incluso la manera en la que el espectador entiende una historia. En ese momento de mi vida me di cuenta de que no solo quería aprender música desde lo técnico, sino que quería entender mucho más a profundidad todo lo que rodea a ese mundo. Ya no me bastaba con saber hacer música; también quería entender cómo se conecta con lo visual, con la narrativa, con la intención de un director y con todo el proceso de producción que existe detrás de una obra.

Sí pensé en meterme a estudiar cine en CENTRO, porque claramente era una opción que se relacionaba con lo que me gustaba, pero la verdad no estaba dispuesto a cerrarme otra vez. Sentía que, si volvía a elegir algo demasiado específico, podía volver a limitarme. Yo quería algo más amplio, algo que me permitiera explorar distintos caminos sin dejar de estar conectado con mi meta principal. Ahí fue cuando conocí la carrera de Ciencias de la Comunicación y me di cuenta de que iba muchísimo más allá de lo que mucha gente dice o cree.

Muchas veces se menosprecia esta carrera y se dice que es para gente que no sabe qué quiere hacer, pero en mi caso fue todo lo contrario. Fue una carrera que encajó perfecto con lo que yo estaba buscando, porque no solo tenía materias que se relacionaban directamente con mis intereses, como cine, audio, semiótica y guionismo, sino que también me abrió puertas a áreas que yo no había considerado tan profundamente, como periodismo, publicidad y análisis de medios. Ahí entendí que no se trataba de cerrarme, sino de absorber todo lo que pudiera y usarlo a mi favor en mi vida profesional.

Por ejemplo, en periodismo aprendo a investigar y eso, aunque a simple vista parezca alejado de la música, en realidad tiene muchísimo que ver con lo que quiero hacer. Mis composiciones dejan de ser algo superficial o simple cuando entiendo el contexto de lo que estoy creando. Si uno ve a los compositores más grandes en esta área, te das cuenta de que antes de componer investigan muchísimo. No nada más hacen una melodía bonita y ya. Se meten al fondo de la historia, de la cultura, del contexto emocional y simbólico. Un ejemplo muy claro es Ludwig Göransson, que para componer parte de la música de Wakanda se fue a África a investigar sobre instrumentos, sonidos, tradiciones, música religiosa y cultura. Eso demuestra que componer para cine no es nada más sentarte a escribir notas, sino entender profundamente el mundo que estás ayudando a construir.

Por otro lado, la publicidad también me aporta muchísimo, porque al final no basta con tener talento si no sabes moverte dentro de la industria. Aprender a venderte como artista, a entender cómo comunicar quién eres, qué haces y cuál es tu valor, también es parte fundamental del camino. Muchas veces el arte y la industria parecen mundos separados, pero en realidad van muy de la mano. Puedes ser increíblemente talentoso, pero si no sabes posicionarte, conectar con la gente correcta y presentar bien tu trabajo, muchas oportunidades se te pueden ir.



En 10 años yo veo a un Jero que realmente le sacó el máximo provecho a todo lo que aprendió. Me veo como alguien que siguió peleando por su sueño, pero no de una manera improvisada, sino de una manera seria, profesional y mucho más completa que la de muchas personas dentro de la industria. Me imagino haciendo música que no solo acompañe una historia, sino que de verdad la entienda y la eleve. Música que no esté puesta nada más para llenar silencio, sino para seguir el trasfondo de lo que se está contando y conectar perfectamente con la emoción y la intención que los directores quieren transmitir.

También sé que no va a ser un camino fácil. Sé que va a requerir muchísimo esfuerzo, disciplina, paciencia y aguantar momentos complicados. Va a haber frustraciones, errores, puertas cerradas y etapas donde probablemente sienta que no estoy avanzando al ritmo que quisiera. Pero también sé que todo eso forma parte del proceso y que, si sigo trabajando, puedo llegar a hacer algo realmente único. Yo creo que una persona nunca deja de aprender, y pensar que ya lo sabes todo, que ya eres el mejor o que ya hiciste tu mejor obra, es una forma de limitarte tú solo. Es cerrar la puerta a crecer, a evolucionar y a encontrar oportunidades que pueden cambiarte la vida. Por eso, más que pensar en una meta final, yo me veo en un proceso constante de mejora, de aprendizaje y de búsqueda. Eso es lo que quiero para mi futuro y eso es lo que siento que esta carrera me está ayudando a construir.

 

 

 

Carton 

Jeronimo Osorno 

 

OpenAI. (2026). Cartón de periódico[Imagen generada por inteligencia artificial]. ChatGPT.

A veces pienso que si los humanos no necesitáramos explicarlo todo, podríamos aceptar que algunas cosas simplemente son. Que el universo no tiene que tener un inicio, ni un propósito definido, ni una figura que lo dirija todo. Pero nuestra mente no tolera el vacío, necesita ponerle nombre. Y ese nombre, desde hace siglos, ha sido “Dios”.


EDITORIAL

De vuelta al oscurantismo

25.03.2026

Hoy en día, lo que está pasando entre Estados Unidos e Irán no es solo un tema político o de conflicto entre países. Es también un reflejo de algo mucho más grande y más preocupante: la forma en la que cada vez más personas están dejando de cuestionar y simplemente creen en lo que dicen sus líderes o figuras de autoridad. No se trata solo de lo que ocurre entre gobiernos, sino de cómo las sociedades están respondiendo a esos discursos.

Se está normalizando una forma de pensar donde ya no importa analizar o entender lo que realmente está pasando, sino tomar partido lo más rápido posible. La gente ya no se detiene a investigar, a comparar información o a preguntarse si lo que escucha tiene sentido. En el caso de Donald Trump, su manera de comunicarse ha hecho que mucha gente lo siga sin dudar, repitiendo sus ideas como si fueran verdades absolutas, incluso cuando simplifican problemas complejos o dividen la realidad en buenos y malos. Pero esto no solo pasa en Estados Unidos. En Irán también se ve un sistema donde el poder se mantiene a partir de la obediencia, donde cuestionar no es común y donde las decisiones vienen desde arriba sin espacio para el debate real.

El problema es que esto nos está llevando a una sociedad cada vez más polarizada. Todo se reduce a extremos: estás a favor o en contra, eres aliado o enemigo. Ya no hay espacio para matices, para dudas o para pensar diferente. Y cuando eso pasa, el diálogo desaparece. Las conversaciones se convierten en discusiones, y las discusiones en enfrentamientos. La gente ya no busca entender, busca ganar.

Esto se parece mucho a lo que históricamente se conoce como oscurantismo: una etapa donde la gente no cuestionaba, donde se creía sin pensar y donde el poder se imponía sin discusión. Hoy no es exactamente igual, porque sí tenemos acceso a información, pero hay un problema distinto: hay tanta información que muchas personas dejan de analizarla. En lugar de pensar, eligen creer lo que les resulta más fácil, lo que confirma sus ideas o lo que dice la figura que siguen. El oscurantismo actual no viene de la falta de conocimiento, sino de la falta de pensamiento crítico.

Además, las redes sociales han hecho que este problema crezca aún más. Los algoritmos nos muestran contenido que refuerza lo que ya pensamos, creando burbujas donde solo vemos una versión de la realidad. Esto hace que cada vez sea más difícil cuestionar, porque todo parece confirmar lo mismo. Así, las ideas se vuelven más radicales y las personas más cerradas.

El verdadero riesgo no es solo el conflicto entre países, sino que la gente deje de pensar por sí misma. Cuando se pierde la capacidad de dudar, también se pierde la libertad. Porque una persona que no cuestiona es más fácil de manipular, más fácil de convencer y más fácil de controlar.

Por eso, más que nunca, es necesario cuestionar, informarse y no quedarse con una sola versión. Entender que la realidad es compleja y que no todo es blanco o negro. Porque si todo se cree sin pensar, el problema ya no es solo político, es social. Y ese tipo de problema es mucho más difícil de resolver.

 

 

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